Quebrantahuesos en Teruel

El cambio climático en los Pirineos: información sobre los impactos, vulnerabilidades y adaptación, según informe del Observatorio Pirenaico del Cambio Climático (OPCC).

La variabilidad climática durante los últimos 2000 años ha estado controlada principalmente por las interacciones entre los procesos atmosféricos, los cambios en las corrientes oceánicas, la insolación y el vulcanismo. La tasa de aumento de temperatura durante el actual calentamiento global, es muy superior a la de las transiciones conocidas en el Holoceno. Hasta la fecha la Tierra nunca había experimentado cambios climáticos tan rápidos.

Entre 1949 y 2010 la temperatura media en los Pirineos ha experimentado un claro aumento 0,2°C por década. Por el contrario las precipitaciones han disminuido del orden del 2,5% por década en los últimos 50 años (1959-2010), así como el manto de nieve.

Según las proyecciones realizadas se producirá un aumento medio de temperaturas en el Pirineo para 2030 de 1,0°C y 2,7°C, para 2050 de 2,0°C y 4,0°C y para finales de siglo de 4,3°C y 7,1°C. Con respecto al espesor de nieve, en el Pirineo central y a 1800 metros de altura, el espesor medio de la nieve, podría disminuir a la mitad en el año 2050, mientras que el período de permanencia de la nieve en el suelo podría reducirse en más de un mes.

Los impactos del calentamiento global en la biodiversidad vienen manifestándose desde hace años. Por ejemplo las aves migratorias han adelantado su fecha de llegada una media de 0,16 días al año desde 1959. Algunas especies se han desplazado una media de 11 metros por década hacia altitudes superiores, quedando algunas especies aisladas, con poco hábitat adecuado y aumentando así su vulnerabilidad e incluso su riesgo de extinción, debido a la escasez de alimentos y a la cada vez menor variabilidad genética de sus poblaciones. Otro problema es  la pérdida de sincronía entre algunas especies que dependen las unas de las otras, como las plantas y los insectos polinizadores, o los depredadores y sus presas, que podrían provocar graves repercusiones en los ecosistemas.

En la flora los cambios en los diferentes parámetros climáticos y el aumento de la concentración atmosférica de CO2, influyen en la fotosíntesis y tiene efectos sobre el crecimiento y desarrollo de la vegetación. La menor cobertura de nieve provocada por el cambio climático reduce su efecto aislante durante el invierno, aumentando la vulnerabilidad de la flora de las cumbres frente a las temperaturas extremas. En las zonas más elevadas, habitadas por especies especialistas y adaptadas al frío, los cambios de distribución podrían llevar a su extinción local a causa de la desaparición progresiva de las condiciones adecuadas para su desarrollo.

En los últimos 50 años en los bosques de la vertiente sur de los Pirineos se ha observado un desplazamiento en altura del límite del bosque de 35 metros, es decir, algo más de medio metro por año. El mayor número de olas de calor y sequías previstas para las próximas décadas limitará la disponibilidad de agua en el suelo, reduciendo tanto la productividad como el estado de salud de muchos bosques pirenaicos. El aumento de los fenómenos extremos (tormentas, incendios) y la mayor prevalencia de plagas podrían influir negativamente en la capacidad de los bosques para actuar como sumidero de carbono. Si el estado de salud de los bosques empeora, su crecimiento se reduce y como consecuencia también su capacidad para secuestrar CO2 atmosférico y contribuir a la mitigación del cambio climático. En los últimos 20 años se ha detectado un aumento de la pérdida de hojas y mortalidad de las ramas en la parte superior de las copas de los árboles de los Pirineos. También se ha observado una mayor incidencia de plagas en los bosques coincidiendo con los años en los que las sequías, olas de calor y precipitaciones extremas han sido más persistentes.

En los ríos pirenaicos el calentamiento global está afectando a su caudal. Concretamente en la cuenca del Ebro se han detectado descensos significativos del caudal anual en más del 50% entre 1950-2010. El descenso de la acumulación invernal de nieve, a causa de las temperaturas más altas y el menor número de precipitaciones en forma de nieve, está provocando un aumento de los caudales durante el invierno. En cambio la mayor frecuencia e intensidad de las sequías está provocando la disminución de los caudales de los ríos en verano y otoño. La acumulación de nieve por debajo de los 1500 metros podría llegar a reducirse en un 78% en el último cuarto del siglo XXI y la recarga La recarga de los acuíferos podría disminuir hasta un 20% en algunas zonas de la cordillera a mediados de siglo. Esto podría suponer una reducción del caudal de muchos manantiales.

El cambio climático también está afectando al atractivo turístico invernal de las estaciones de esquí. Entre 1960 y 2010 el número de días al año con un grosor de la capa de nieve inferior a 30 cm (grosor suficiente para poder esquiar con normalidad en las estaciones de esquí) ha aumentado notablemente en todas las estaciones de esquí y a todas las cotas, pero especialmente en las estaciones a baja cota (del 5 al 70% en las estaciones a cotas bajas y del 4 al 20% en las estaciones a cotas medias). También se ha ido retrasando progresivamente la fecha de inicio de la temporada de esquí (en consideración a la disponibilidad de nieve natural), con retrasos de entre 5 y 55 días en las estaciones a baja cota y entre 5 y 30 días en las estaciones a cotas medias. La producción de nieve artificial a gran escala como medida de adaptación, además de poner en riesgo la rentabilidad económica de las estaciones de esquí, conlleva una serie de externalidades ambientales que también han de considerarse, especialmente bajo un escenario futuro de mayor escasez de recursos hídricos.

En el sector ganadero siempre y cuando las sequías en verano y otoño no sean severas, el incremento de las temperaturas y la mayor concentración de CO2 atmosférico pueden tener un efecto fertilizante en los pastos de alta montaña, aumentando su productividad. Sin embargo, este fenómeno podría incidir en la composición del forraje y por lo tanto en su calidad como alimento para el ganado. Se ha demostrado que, tras sequías muy intensas durante la temporada estival, es muy difícil la recuperación del rebrote de los pastos en otoño. El incremento de las concentraciones de CO2 atmosférico también tiene efectos negativos en los pastos, alterando su composición. También las sequías y las olas de calor tienen efectos negativos en los pastos, ya que los vuelve menos apetecibles y digeribles por el ganado. Las altas temperaturas afectan a los animales reduciendo la ingesta de alimentos, alterando su estado de nutrición y rendimiento productivo. Es altamente probable que en futuro las situaciones de estrés térmico para el ganado sean más frecuentes e intensas también en los Pirineos. Enfermedades originariamente tropicales, como la lengua azul, se han expandido progresivamente en la vertiente norte en los últimos años.

Ver:

https://www.opcc-ctp.org/

https://youtu.be/D-KuebcpB4A