
La lección aprendida en los Pirineos del despegue económico ligado al quebrantahuesos.
¿Puede el turismo ser un aliado de la conservación? En el corazón del Pirineo aragonés, la comarca de Sobrarbe se ha convertido en un laboratorio natural para responder a esta pregunta crucial. Aquí, donde el emblemático quebrantahuesos sobrevuela paisajes de una belleza inalterada, el ecoturismo ha emergido como una estrategia clave para el desarrollo local. Sin embargo, un reciente estudio de la Universidad de Zaragoza revela las complejidades y tensiones inherentes a este modelo, planteando la cuestión de si el turismo de naturaleza realmente ayuda a conservar la biodiversidad o si, por el contrario, genera nuevos desafíos.
El ecoturismo como motor de desarrollo
Durante las últimas décadas, las pequeñas poblaciones de esta zona de Huesca han apostado por el ecoturismo como vía para salir del olvido y frenar la despoblación. Los visitantes se han convertido en un motor para el desarrollo y la prosperidad económica. No obstante, este equilibrio es frágil. Así lo demuestra un equipo de investigación de la Universidad de Zaragoza, que ha analizado el impacto del ecoturismo y de las iniciativas de conservación en el desarrollo sostenible de la zona.
A través de un análisis de documentos y entrevistas en profundidad a actores locales, el equipo científico, que incluye a la profesora del Máster en Dirección y Planificación del Turismo, María Victoria San Agustín, ofrece una mirada compleja al turismo en un entorno natural tan sensible. San Agustín afirma que «el ecoturismo ha contribuido de forma positiva al desarrollo económico local, pero también ha generado nuevas tensiones entre conservación y crecimiento turístico».
El quebrantahuesos: símbolo de conflicto y conservación
El quebrantahuesos, una especie emblemática de los Pirineos, es el mejor ejemplo del conflicto entre la actividad turística y la conservación del entorno en Sobrarbe. Esta ave ha sido fundamental para el desarrollo de la comarca. Rutas interpretativas, centros de visitantes y actividades educativas han atraído a miles de personas interesadas en la naturaleza. La figura del quebrantahuesos ha funcionado como «un recurso territorial capaz de generar identidad, ingresos y conciencia ambiental».
Sin embargo, el éxito económico no está exento de riesgos ambientales. El equipo de la Universidad de Zaragoza ha comprobado que el aumento de visitantes en determinados espacios naturales ha generado preocupaciones entre técnicos y habitantes locales. La presión sobre senderos, el ruido o la presencia humana en zonas sensibles pueden alterar el comportamiento de la fauna, incluida la del propio quebrantahuesos, afectando la sostenibilidad ambiental.
Modelos de gobernanza y participación local en Sobrarbe
El municipio de Aínsa-Sobrarbe ha implantado un modelo pionero de gestión sostenible. Ha confiado la administración de determinados terrenos a la Fundación de Conservación del Quebrantahuesos para garantizar su protección, a cambio de beneficios ambientales y sociales para la comunidad. Este modelo, explican los investigadores, «representa una forma innovadora de gobernanza basada en la colaboración entre administraciones públicas y organizaciones de conservación».
No se trata solo de proteger el territorio y sus valiosos recursos naturales, sino de implicar a la población local en su gestión y uso sostenible. El acuerdo ha permitido desarrollar proyectos de restauración ambiental, control de usos y actividades educativas, al tiempo que refuerza la identidad local vinculada al paisaje. No obstante, también ha generado debates.
El equipo científico ha constatado que algunos vecinos temen perder el control sobre su territorio, mientras otros ven en la custodia una oportunidad para asegurar el futuro.
Impacto económico del ecoturismo y sus desafíos de distribución
Desde el punto de vista económico, el ecoturismo ha supuesto una fuente de ingresos clave para Sobrarbe. Alojamientos rurales, guías de montaña, restaurantes y pequeñas empresas se benefician del flujo constante de visitantes atraídos por la naturaleza y la cultura local. El ecoturismo ha contribuido a diversificar la economía local y a frenar, en parte, los procesos de despoblación en el desarrollo rural sostenible.
Sin embargo, los beneficios no se distribuyen de manera uniforme. Algunos municipios concentran la mayor parte de la actividad turística, mientras otros quedan al margen. Además, muchos de los empleos generados son estacionales y precarios. El equipo de María Victoria San Agustín recoge la preocupación de actores locales que advierten de que el ecoturismo, por sí solo, no garantiza un desarrollo económico sólido a largo plazo.
La planificación integrada
Como muestra esta investigación, en la comarca se tienen en cuenta los aportes del turismo, pero son vistos con cierto recelo. «La aceptación social de las iniciativas de conservación depende en gran medida de la percepción de beneficios tangibles para la población local», añade el equipo científico. Cuando los proyectos se perciben como impuestos desde fuera, el rechazo aumenta. Cuando generan empleo, formación o mejoras en el entorno, la implicación y la participación local crecen.
El caso de Sobrarbe ilustra un desafío global: cómo gestionar territorios de alto valor ecológico en un contexto de creciente demanda turística. Como se desprende de esta investigación, no existe una fórmula mágica, pero sí algunos principios claros. Entre las recomendaciones, los investigadores de la Universidad de Zaragoza destacan la necesidad de una planificación turística más integrada, una mayor participación de la población local y el refuerzo de modelos de gobernanza colaborativa. «El desarrollo sostenible en regiones de montaña requiere reconocer la complejidad de los sistemas socioecológicos y actuar en consecuencia», aseguran.
Sobrarbe es un territorio que busca el difícil equilibrio entre desarrollo y conservación ambiental. El ecoturismo ha abierto oportunidades reales, pero también ha puesto sobre la mesa nuevas contradicciones, que deben abordarse desde el diálogo continuo entre las distintas partes implicadas. La clave reside en encontrar el equilibrio entre el desarrollo económico y la sostenibilidad ambiental.
El modelo de ecoturismo de Sobrarbe es una referencia aplicable a cualquier otra comarca que desee confiar su desarrollo a un turismo respetuoso con el medio ambiente. Poner en valor los recursos naturales no es suficiente. La planificación, la participación y el diálogo en la gestión son los elementos que aseguran el éxito de un destino, pero también su sostenibilidad a largo plazo.
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