Quebrantahuesos muerto

La Fiscalía investiga la desmesurada mortandad de aves rapaces y carroñeras en parques eólicos.

El Ministerio Público intenta esclarecer si la ausencia de métodos preventivos en los parques de Aragón constituye un delito ambiental por sus efectos en las especies protegidas, cuya merma desequilibra los ecosistemas.

La Fiscalía de Zaragoza ha abierto una investigación para determinar si la elevada mortalidad de aves rapaces y carroñeras protegidas que se da en los parques eólicos, y que supera las 16 bajas semanales en Aragón, puede constituir un delito ambiental, según confirmaron fuentes del Ministerio Público. Esa desmesurada mortandad de aves comienza a tener efectos ecosistémicos, ya que reduce de manera drástica las labores de limpieza del monte y de control de plagas que habitualmente venían desarrollando los ejemplares de las especies afectadas, entre las que también hay varias de murciélagos.

Las diligencias incluyen, entre otras denuncias acumuladas, una de las organizaciones ecologistas Ansar y Amigos de la Tierra sobre la elevada mortandad que el despliegue de los parques eólicos está provocando en una especie en peligro de extinción como el milano real. En los últimos dos años se han detectado un total de 68 ejemplares de milano real muertos (30 y 38) solo en 34 parques eólicos zaragozanos, del total de 161 de toda la comunidad. «Nos centramos en el milano real porque es una especie catalogada en peligro de extinción, pero esas bajas se están registrando en el marco de una elevada mortandad de aves rapaces y carroñeras en general», señala José Antonio Domínguez, de Amigos de la Tierra.

800 buitres y 200 águilas, cernícalos y milanos.

En total, y según los datos oficiales del Gobierno de Aragón, al Centro de Recuperación de Fauna Salvaje de La Alfranca (Zaragoza) llegaron en 2021 y 2022 un total de 1.463 cadáveres de aves rapaces y carroñeras de especies con algún grado de protección que habían fallecido por colisión con aerogeneradores. Los buitres leonados aparecen como la colonia más afectada (806) seguida de los cernícalos (194), las águilas (194) y los milanos (183) de diferentes tipos. Entre las águilas hay 23 reales y una perdicera, esta última en peligro de extinción. Un total de 1.463 aves rapaces y carroñeras murieron en 2021 y 2022 por colisión con aerogeneradores. El fenómeno va al alza tras pasar de 611 a 852 víctimas en esos dos ejercicios, y lleva camino de recrudecerse ante las previsiones de que entren en funcionamiento la mayoría de los 139 nuevos parques eólicos que, según datos del Gobierno de Aragón, se hallan en fase de tramitación.

A este crecimiento del número de parques se le añade como factor de riesgo el mayor tamaño de los aerogeneradores, cuyas aspas suelen superar los 70 metros de longitud y pueden girar a más de mil revoluciones por hora (16 por minuto). Eso genera barreras verticales de forma circular y de una hectárea y media de superficie con las que un impacto supone en la inmensa mayoría de las ocasiones la muerte segura para las aves.

Cadáveres devorados y crianzas interrumpidas. «Las autorizaciones siempre recogen la coletilla de que una mortandad elevada puede llevar a la paralización del molino, pero, ¿cuántas aves han de llegar a morir para que se haga algo? ¿Cómo puede estar matando animales de esta manera una tecnología que nos venden como verde? O es que lo autorizan todo o es que no hay ningún cuidado en la gestión», plantea Domínguez. En los dos últimos años han muerto casi 1.500 aves rapaces y carroñeras solo en 34 de los 161 parques eólicos desplegados por Aragón.  Las declaraciones de impacto tanto del Ministerio para la Transición Ecológica (Miteco) como del Instituto Aragonés de Gestión Ambiental (Inaga) comparten otros rasgos, como establecer para el rastreo de estas bajas una «periodicidad al menos quincenal«, tan amplia que genera una elevada cifra negra al posibilitar que muchos cadáveres sean eliminados por depredadores en ese espacio de tiempo. En algunas fases del año se realizan seguimientos semanales, aunque ese mayor celo en algunos parques se combina con la exención total de efectuar rastreos en los de mayor antigüedad. Los recuentos de las bajas tampoco contemplan un efecto secundario de esa mortandad en las especies vulnerables durante su fase de crianza, que se extiende de enero a junio para los buitres y de febrero a junio para el resto. Los machos cazan y/o rastrean y las hembras despiezan esas presas para alimentar los polluelos, en una división de labores que colapsa con efectos fatales para la prole si falta uno de los dos adultos: los primeros son incapaces de dar de comer mientras que la salida de caza de las segundas deja el nido a merced de otros depredadores.

A menos depredadores, más posibilidades de plagas.

Esa merma de ejemplares de aves y de murciélagos lleva tiempo preocupando a los biólogos por sus efectos sobre la biodiversidad, de reducción en el caso de la mortandad y de desequilibrio una vez se esta se dispara. Dicha merma alcanza magnitudes disparatadas en complejos como el navarro parque Cavar y sus inquietantes pérdidas pueden verse superadas en el entorno de Las Bardenas, Además, está teniendo consecuencias como la suspensión de los planes de reintroducción del quebrantahuesos en Teruel, ante el riesgo evidente de que la proliferación de parques eólicos impida su arraigo. José Antonio Domínguez: «El milano es fundamental para el ecosistema al reincorporar los cadáveres a la cadena trófica». El milano real, por ejemplo, «desempeña un papel ecológico trascendental, pues como ave carroñera que se alimenta de restos orgánicos ejerce no sólo una labor sanitaria al retirarlos del medio, sino que contribuye a cerrar el ciclo de la materia, del nitrógeno y del fósforo, al transformarlos de nuevo en materia orgánica viva», señala la denuncia. «El milano es fundamental para el ecosistema porque reincorpora los cadáveres a la cadena trófica, lo mismo que los buitres y otras aves. Son los recicladores de la naturaleza y estamos cortando esa cadena», explica Domínguez. Otros como el cernícalo vulgar controlan las poblaciones de ratones y de topos al alimentarse de ellos, lo mismo que les ocurre a las de conejos con el águila (engulle 180 kilos de carne al año), a las de palomas con el halcón peregrino (30 kilos) o a las de insectos de gran tamaño con el cernícalo primilla. «Son fundamentales para el control de plagas y para mantener la cadena trófica. Está todo relacionado», anota el ecologista. Las poblaciones de todas esas presas aumentan como consecuencia de la desaparición de sus depredadores en las áreas en las que se producen, en un proceso que tiene una relación directa, explica José Antonio Pinzolas, de Ansar.

Los murciélagos, los mosquitos y las patologías tropicales.

El patrón es similar, aunque está mucho menos estudiado, con los insectos y los murciélagos, cuyas poblaciones también se están viendo mermadas por las colisiones con los aerogeneradores, cuyas señales luminosas resultan nada disuasorias para animales nocturnos carentes de visión. Las poblaciones de insectos y murciélagos también se está viendo mermadas por las colisiones con los aerogeneradores. Uno de los escasos estudios existentes sobre la mortandad de los murciélagos a causa del impacto de los parques eólicos cifra en 424 las bajas por colisión registradas en un año en dos parques de Zaragoza en los que, en ese mismo periodo, fallecieron por esa causa 111 aves, con una relación de prácticamente cuatro a uno. Llegan a ingerir hasta 1.200 mosquitos en una hora y, «a menudo, consumen el total de insectos equivalente a su peso corporal cada noche, ayudando a mantener controladas las poblaciones de insectos», como polillas, escarabajos y típulas, indica la Sociedad Española para la Conservación del Murciélago (Secemu). Esta consecuencia del despliegue de los parques eólicos tiene especial relevancia cuando con el calentamiento global comienzan a arraigar y proliferar en España insectos susceptibles de transmitir enfermedades consideradas tropicales hasta hace poco.

Penas de hasta dos años de prisión.

La denuncia de Ansar y Amigos de la Tierra propone investigar esas elevadas mortandades en los parques eólicos desde dos perspectivas de criminalidad ambiental: las recogidas en los artículos 326 bis y 334 del Código Penal. El primero contempla penas de hasta dos años de prisión y de inhabilitación para quienes «lleven a cabo la explotación de instalaciones en las que se realice una actividad peligrosa, de modo que causen o puedan causar daños sustanciales a animales o puedan perjudicar gravemente el equilibrio de los sistemas naturales». El segundo asigna penas de cárcel similares y el doble de inhabilitación a quien «realice actividades que impidan o dificulten» la «reproducción o migración» de especies protegidas de fauna silvestre y a quien, «contraviniendo las leyes u otras disposiciones de carácter general, destruya o altere gravemente su hábitat». «Los parques eólicos aragoneses son un sumidero de las aves locales y europeas», asegura la denuncia, que recoge cómo «la siniestralidad, con resultado de muerte, de fauna voladora, aves y quirópteros, causada por los aerogeneradores de las centrales eólicas es un hecho suficientemente contrastado y conocido mundialmente».

Fuente:

https://www.publico.es/sociedad/fiscalia-investiga-desmesurada-mortandad-aves-rapaces-carroneras-parques-eolicos.html