
Aragón y los incendios forestales
A fecha 20-8-2026 se han quemado en Aragón 44.000 ha, a diferencia de las 339 ha de 2025 (la media 2005-2024, 3634 ha/año).
El verano de 2026 en España está siendo muy caluroso, seco y prolongado debido a una combinación de factores, principalmente el cambio climático y fenómenos meteorológicos específicos. Según Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) las temperaturas de junio-julio de 2026 han sido las más cálidas desde 1961, con una media de 24,5 ºC. Esto supone 2,9 ºC por encima del promedio histórico. Con una sequía extrema en junio y julio solo acumularon 17 litros por metro cuadrado (España), el registro más bajo en 65 años. Las olas de calor son más frecuentes y largas, antes de mediados de agosto ya se habían contabilizado cuatro olas de calor. La primera (21-24 de junio) fue histórica, con días +7,1 ºC por encima de la media. El calentamiento global, hace que los veranos sean más calurosos, largos y con episodios de calor más tempranos. A finales de junio, una burbuja de aire caliente atrapó la atmósfera sobre la Península, provocando el pico de temperaturas récord y la corriente en chorro se dividió en dos, facilitando la entrada de aire cálido del norte de África y bloqueando las borrascas atlánticas que traen lluvia. El calentamiento global está aumentando claramente las condiciones que favorecen los grandes incendios en Aragón: más temperatura → más evapotranspiración → menos humedad en suelo y vegetación → combustible más seco → incendios más rápidos y de mayor intensidad.
Aragón posee 2.712.643 ha de superficie forestal, de las cuales 1.671.034 son monte arbolados (35% del territorio aragonés, según cuarto inventario forestal nacional). De estas, 263.283 hectáreas son repoblaciones de coníferas, más pirófitas y con estructuras homogéneas (15% de Aragón), realizadas principalmente entre 1940-1980.
Tan solo el 5-10% de los bosques son formaciones maduras de >110 años, siendo la mayoría de 35–60 años. Los bosques maduros, cuando presentan una estructura compleja y baja continuidad de combustibles finos y verticales, pueden mostrar una menor propagación potencial del fuego que las masas jóvenes o repoblaciones densas, debido a la mayor altura de las copas, el menor volumen relativo de combustible fino y unas condiciones microclimáticas más húmedas y sombreadas.
En masas jóvenes y repoblaciones puede haber muchos árboles pequeños, arbustos, ramas y restos vegetales próximos al suelo. Estos combustibles finos pierden humedad rápidamente y son los principales responsables de la ignición y propagación rápida.
Un bosque maduro suele presentar diferentes estratos y árboles con copas más altas. Si existe suficiente separación entre el combustible del suelo y las copas, disminuye la probabilidad de que un fuego de superficie pase a convertirse en fuego de copas. Los árboles maduros tienen troncos y ramas de mayor diámetro. Estos combustibles tienen una menor relación superficie/volumen, por lo que necesitan más energía para calentarse y arder que pequeñas ramas, hojas y tallos. Una cubierta arbórea desarrollada puede reducir la radiación solar que llega al suelo y favorecer unas condiciones de menor temperatura y mayor humedad relativa, disminuyendo el secado de los combustibles finos. Los bosques maduros suelen presentar claros, árboles de diferentes tamaños, madera muerta en distintos estados de descomposición y una estructura más irregular. Esta heterogeneidad puede reducir la continuidad del combustible, dificultando la propagación uniforme del fuego.
Las masas forestales jóvenes y las repoblaciones densas pueden presentar una elevada continuidad horizontal y vertical del combustible, especialmente cuando existe abundante matorral y biomasa fina, favoreciendo una mayor intensidad y severidad del fuego. Por el contrario, los bosques maduros con estructuras más heterogéneas y menor continuidad del combustible fino pueden presentar una menor propagación potencial, aunque su comportamiento frente al fuego depende también de la especie, la carga de combustible, la sequía y las condiciones meteorológicas y por ello un no necesariamente es menos inflamable.
Un bosque no es un espacio que deba mantenerse limpio (“sin sotobosque”), sino un ecosistema complejo en el que hojarasca, madera muerta, arbustos, árboles viejos y jóvenes cumplen funciones ecológicas. La cuestión no es eliminar combustible indiscriminadamente, sino gestionar la estructura y continuidad de la vegetación allí donde exista un riesgo significativo de incendio de alta severidad. El objetivo no debería ser tener bosques “limpios”, sino bosques ecológicamente funcionales y paisajes con suficiente heterogeneidad y discontinuidad para limitar la propagación de los grandes incendios.
Por ello nos encontramos ante un problema muy complejo que no se resuelve en una tertulia de bar. No se trata de cuánto dinero se gasta en prevención, sino de dónde se gasta, qué tipo de gestión se hace y qué superficie se pretende tratar. Hay que priorizar y actuar en puntos concretos: alrededor de núcleos habitados; infraestructuras; carreteras estratégicas; zonas de interfaz urbano-forestal y corredores de propagación conocidos.
El gasto del Gobierno de Aragón en el operativo de incendios asciende a 50 millones anuales (1300 personas). Anualmente Aragón realiza trabajos preventivos de incendios en 5000 ha, cuyo coste es aproximadamente de 10 millones de euros. Solo trabajar de manera preventiva en las repoblaciones forestales en Aragón precisaría 500 millones de euros, para el total de zonas repobladas.
En 2015 desde la Fundación para la Conservación del Quebrantahuesos (FCQ) propusimos a la Diputación Provincial de Huesca (DPH) actuar prioritariamente en las repoblaciones o masas muy densas, mediante claras y clareos, manteniendo árboles grandes y estructuras diversas. En 2018 solicitamos al Gobierno de Aragón un Plan de Recuperación de la Ganadería Extensiva en el que se exponía el pastoreo como una herramienta para mantener determinados paisajes abiertos y reducir combustible fino, especialmente alrededor de poblaciones y zonas estratégicas.
También venimos insistiendo en no intervenir donde no sea necesario, como bosques maduros (abetales de Laspuña y Lasieso) y zonas remotas, con baja exposición de población e infraestructuras, puede ser más adecuado conservar la dinámica natural que intentar gestionar mecánicamente el bosque. Así como en la apertura de nuevas vías de penetración (en Aragón existen 13.000 km de pistas forestales), que en muchos casos no evitaran la propagación de los incendios forestales. En el Pirineo aragonés, la extinción de incendios por tierra está drásticamente limitada por la seguridad laboral y física de los operarios, quedando inutilizados los camiones de bomberos a partir del 30% de pendiente, la maquinaria pesada al 45%, y las cuadrillas a pie por encima del 50-60% debido al riesgo extremo de caídas y avance del fuego. El 60% del territorio pirenaico es inaccesible para los vehículos de emergencia y entre el 25% y el 35% de la superficie presenta desniveles tan extremos que la extinción directa resulta inviable para los efectivos terrestres, haciendo que la lucha contra el fuego dependa de forma exclusiva de las descargas de los medios aéreos o de estrategias de confinamiento en áreas bajas.
Gracias al proyecto Bioforpiri (2024-2025), desarrollado por la FCQ, se realizan varias actuaciones piloto en la Comarca de Sobrarbe.
-Morillo de Sampietro. Recuperación de pastos alrededor del núcleo para favorecer la ganadería extensiva y reducir la continuidad de combustible; técnicas de pastoreo dirigido, para reducir la carga de combustible; creación de Zona de Protección para la Alimentación de Especies Necrófagas (ZPAEN); apoyo a la iniciativa ganadera Siricueta (quesería artesana), mediante inversión en infraestructuras y materiales para facilitar el manejo del ganado.
-San Vicente de Labuerda. Desbroces y ampliación de pastos en torno al pueblo, además de inversiones en pequeñas infraestructuras y maquinaria para apoyar la actividad ganadera; creación de ZPAEN.
-Aínsa-Sobrarbe. Actuación de silvicultura naturalística en 24 ha de monte de Bagüeste, propiedad del Gobierno de Aragón, se realizó selección, marcaje y corte de árboles aplicando con el fin de bajar densidad y mejorar la estructura y complejidad del bosque; elaboración de un mapa detallado de los montes públicos, incorporando vegetación, usos del suelo, características del terreno y otros factores relevantes para planificar la gestión forestal; estudio del potencial de producción y comercialización de productos forestales, especialmente biomasa derivados de la gestión de los montes; diseño de plan de defensa contra incendios forestales incluyendo criterios para reducir el riesgo y la propagación del fuego; actuaciones de voluntariado y sensibilización ambiental, además de la creación de itinerarios/rutas forestales de ecoturismo para divulgar los diferentes tipos de bosque del Municipio, sus valores naturales y didácticos y sus funciones ecológicas.
Es momento de dejar la demagogía a un lado (con las soluciones fáciles ante un problema tan complejo), de echar siempre la culpa a los demás (por ejemplo a los ecologistas) y de arrimar el hombro y actuar cada uno dentro de nuestras posibilidades y conocimientos, tanto desde el ámbito personal, como local y regional.

