
Geoparque Sobrarbe-Pirineos: proyectos que dan vida a un territorio único.
Atascos, edificios, prisas… Comportamientos propios de las ciudades, que contrastan con la sensación de libertad y armonía que se perciben en el entorno del espacio Geoparque Sobrarbe-Pirineos. Diecinueve municipios repartidos entre montañas donde la vida parece sostenerse en equilibrio entre la naturaleza y quienes la habitan. Dos horas y media de trayecto separan Aínsa de Zaragoza. En ese recorrido, casi sin darnos cuenta, mi padre y yo empezamos a sentir la magia y el sentimiento que se funden en este territorio pirenaico.
Aínsa, un despertar poblacional: dentro del Geoparque Sobrarbe-Pirineos.
A nuestra llegada, la imagen no era la que esperábamos. Decenas de personas se agolpaban a la entrada del pueblo. Algunos, exhaustos pero victoriosos, cruzaban la línea de meta, mientras otros, desde las calles, animaban a los corredores a dar ese último empujón. Un fin de semana que congregó a más de 180 personas —entre participantes, acompañantes y curiosos— con motivo de la celebración de la Gran Trail Sobrarbe, 2026, que llenó las calles y terrazas de un pueblo que, lejos de desaparecer, alberga historias que permanecen vivas. Todo aquello sucede en Aínsa, uno de los pueblos con mayor población en la comarca, apenas 2.335 habitantes. El pueblo forma parte del proyecto Geoparque Sobrarbe-Pirineos, un territorio reconocido por la UNESCO por su valor geológico y cultural. El Geoparque se extiende por espacios de gran valor natural como el Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido, el Parque Natural de la Sierra y los Cañones de Guara, o el Parque Natural de Posets Maladeta, en pleno corazón de los Pirineos. Un territorio abrupto y montañoso: más de la mitad de la superficie por encima de 1000 m sobre un relieve que conserva las huellas de la historia antigua. No resulta complicado percibir el contraste de colores, el verde intenso de las copas frondosas, llenas de vida, y la transparencia del agua del río Ara en su confluencia con el Cinca, que genera una estampa propia de un cuento de hadas. Mi padre y yo admiramos el paisaje y aprovechamos para recorrer las calles del pueblo: fachadas de piedra, balcones recubiertos con flores de colores y miradores en los que sacamos algunas instantáneas para inmortalizar el recuerdo. Lo que comenzó como una propuesta académica resultó en una excursión agradable y enriquecedora. Para que los visitantes puedan disfrutar de la vitalidad silvestre del entorno, se necesitan técnicos de la investigación, coordinación, promoción turística, labores profesionales… Desde el Geoparque impulsan tareas que van desde los compromisos para la preservación del patrimonio geológico o el fomento de la adecuada investigación en el territorio, hasta la red de desarrollo de programas de educación y divulgación. Ese esfuerzo ayuda a conformar un modelo de desarrollo sostenible, social, económico y cultural del territorio. En el proyecto se realizan actividades y paseos adaptados a todos los niveles, que permiten explorar el entorno poco a poco. Además, una red de comercios locales conecta al visitante con la vida cotidiana de la comarca y fomenta su consumo. Al abrir la puerta doble de la torre del centro de visitantes, Sabine, la guía del lugar, recibe a los turistas con una amplia sonrisa. La primera pregunta se formula al momento: “¿De dónde viene?”. Anota la respuesta y explica que la labor del centro es dar a conocer la riqueza y composición del Geoparque. El lugar se distribuye en tres plantas, combina recursos visuales y auditivos adaptados a 4 idiomas —castellano, inglés, francés y alemán—: es necesario debido a la cantidad de visitantes extranjeros que reciben, en su mayoría procedentes de Francia y los países nórdicos. Sabine, de carácter amable y actitud positiva, transmite su pasión por su trabajo. Consciente del privilegio que supone vivir en un entorno rodeado de naturaleza, admite que la soledad es una compañera recurrente en estos pueblos y no siempre resulta fácil de sobrellevar. El Ecomuseo de la Fauna Pirenaica es uno de los proyectos integrados dentro del Geoparque. Destaca por sus labores de conservación y concienciación sobre aves como el quebrantahuesos, una especie en peligro de extinción. Se trata de una actividad propuesta desde la Fundación para la Conservación del Quebrantahuesos, una organización dedicada a la divulgación sencilla y didáctica sobre la fauna y la naturaleza pirenaica. Sus labores incluyen desde seguimientos ecológicos, investigaciones científicas, restauración de ecosistemas y, sobre todo, destacan por la recuperación de especies como quebrantahuesos en el Parque Nacional, destinadas a desaparecer. En los últimos años, la población inicial de 200 ejemplares en 2002 ha crecido hasta casi los 1000 en la actualidad. El proyecto se mantiene gracias a una combinación de financiación pública como el Ecomuseo, aportaciones privadas y fondos públicos obtenidos por concurrencia competitiva. La organización comenzó con 4 participantes y hoy en día suma cerca de 20 trabajadores. Entre los componentes que la integran destacan las figuras de Juan Luís Bernal Cristóbal, guía del ecomuseo y Juan Antonio Gil, secretario de la fundación. Hace 45 años, Juan Antonio vio volar por primera vez un quebrantahuesos. Una imagen que le marcó, todavía hoy a sus 58 años: la recuerda con cierta nostalgia. Desde la niñez desarrolló su pasión por la naturaleza y los animales, en particular por las aves rapaces. Un comportamiento que, según explica, se vio influido en gran medida por los documentales del divulgador ambiental Félix Rodríguez de la Fuente. El secretario habla de una inquietud por conocer, saber y descubrir aspectos en una sociedad que hace 40 años no disponía de medios suficientes para la investigación. Fue en 1995 cuando, junto a varios compañeros, decidieron unir sus iniciativas en una estructura común. Así nació la fundación. Juan Antonio rememora unos inicios complicados con reuniones en los bajos del garaje de su padre. Allí, disponían de un teléfono fijo que les permitía realizar tres llamadas al día porque no tenían dinero para más. La rentabilidad económica nunca ha sido el motor que mueve a la organización: los pilares fundamentales los sostienen el compromiso por la conservación de la naturaleza y el medio ambiente. La otra cara visible de la organización recae sobre Juan Luís Bernal Cristóbal, licenciado en Geografía por la Universidad de Zaragoza y guía en el Eco museo. Este centro ofrece una experiencia inmersiva para conocer desde dentro la situación que viven diariamente las aves que integran el territorio. La entrada cuesta 5€ y el dinero recaudado se destina íntegramente a la fundación. El espacio se distribuye en 3 plantas que incluyen un ascensor que facilita el acceso a las personas con problemas de movilidad reducida. Las diferentes salas albergan reproducciones de estas aves a escala real, que se complementan con una visita guiada al túnel en el que descansan aquellas que no pueden vivir en libertad. Acompañados de otros visitantes, padre e hija escuchamos con atención las explicaciones de Juan Luis, quien nos implicaba mediante preguntas participativas. Gracias a él, descubrimos datos curiosos, como el peso de estas aves rapaces que se sitúa entre 5 o 6 kilos, o como con sus alas desplegadas, que alcanzan los 2 metros de envergadura, incluso unos centímetros más en el caso de las hembras, con la finalidad de proteger a sus crías ante cualquier peligro. Historias como la de “Huesos”, un macho nacido a partir de uno de los huevos que la fundación rescató años atrás. A punto de ser liberado un mosquito transmisor de la malaria aviar, le picó; tras unos meses de tratamiento, se recuperó, pero su exposición diaria ante los humanos hizo imposible su vida en libertad. En la actualidad, este quebrantahuesos convive en las instalaciones del centro junto a “Montañesa”, una hembra de la misma especie que, mientras volaba en libertad, impactó contra una infraestructura que le causó la rotura de un ala y le impidió volver a volar. Esta pareja desempeña una esperanzadora labor en la cría en cautividad, con el objetivo de liberar a sus descendientes y colaborar en la recuperación de la especie. En nuestra excursión, por falta de tiempo, nos quedamos con las ganas de probar los productos de uno de los comercios que colaboran con el espacio del Geoparque Sobrarbe-Pirineos: Manzanas Ingrávida, un negocio que lleva en marcha desde 1992 y que trabaja con manzanas de montañas ecológicas cultivadas en la zona, y que, sin duda, será una parada obligatoria en nuestro próximo viaje al Geoparque. Al frente de la producción surgida en Boltaña se sitúan Irene García e Ignacio Olivar, que presentan sus productos como artesanos, rurales y naturales. Se definen como una empresa familiar, que valora la cercanía y la adaptación al entorno, siempre con un respeto al territorio que les rodea. Irene e Ignacio miman sus productos con cariño y detalle: fabrican lotes pequeños con los que buscan alcanzar la máxima calidad. No era la primera vez que se lanzaban a emprender; Ignacio ya había experimentado ese camino gracias a sus años de experiencia en ganadería. La idea de abrir el negocio surge tras hacerse eco de un proyecto que destacaba los matices de la manzana cultivada en la montaña: más sabor, jugosidad y color, gracias a la diferencia de temperatura entre el día y la noche. En la actualidad, la empresa se compone de cuatro trabajadores. A partir de la plantación de manzanas y las primeras valoraciones positivas, decidieron elevar el proyecto. Los empresarios ampliaron la producción con la fabricación de zumos y mermeladas. Tiempo después, añadieron sidra en su catálogo. Irene e Ignacio han conseguido construir un negocio que funciona en gran parte de manera local, de lo cual se sienten orgullosos. Bajo el lema: “la unión hace la fuerza”, los empresarios vieron en el proyecto del Geoparque una oportunidad para darse a conocer en otros lugares. Afirman que es una manera de ayuda mutua entre los negocios de la comarca. Sin duda, hay recuerdos que se quedan fijos para siempre en la memoria. Para algunos esa primera vez en bicicleta, el primer trayecto en coche o el último día de clase. En el caso de Elena e Ignacio nunca olvidaran el primer lote de tarros de su producción. Explican que fue complicado, pero muy gratificante al ver como un montón de fruta se convertía en tarros de mermelada a los que ponían su etiqueta para vender. Confiesan que el primer bote lo disfrutaron con la familia. La historia del Geoparque Sobrarbe-Pirineos va de acciones milenarias que descansan en el pasado, de asociaciones que luchan por la naturaleza, de vecinos y vecinas que aman su forma de vida y compran en el pequeño comercio local. Una relación que no se cierra ni pasa página, sino que deja sus hojas abiertas con la esperanza puesta en un futuro relevo que continúe con el cuidado de este magnífico legado.
Fuente:
https://www.zgrados.com/geoparque-sobrarbe-pirineos-proyectos-que-dan-vida-a-un-territorio-unico/

