Bio For Piri cierra con éxito

30 años de la reintroducción de osos en los Pirineos: un éxito ecológico y una difícil cohabitación.

Administración, ecologistas y ganaderos valoran las consecuencias del plan iniciado por Francia en 1996 que evitó la extinción de la especie. La población osera crece, pese a las bajas por el veneno o las balas, y camina hacia una obligada coexistencia con los ganaderos.

Hoy la población reintroducida crece a un ritmo anual de un 10 %, hasta alcanzar en 2025 entre 109 y 143 individuos. Solo uno, Canelito, hijo de Canelle, conserva genes de la especie original, aunque ya tiene 20 años y no se le conoce descendencia.​
Han sido tres décadas no exentas de conflictos. Uno de los capítulos más graves se vivió en el valle de Arán en 2020, con el envenenamientos de Cachou, que ha inspirado una serie de televisión (‘Matar a un oso’) y por el que se juzgará a un agente de Medio Ambiente encargado de su seguimiento y a un cargo político.

La tensión también se evidenció con la muerte el mismo año de Sarousse durante una batida de jabalís en el valle de Bardají por disparos de un cazador. El Juzgado de Boltaña dictó el sobreseimiento al concluir que reaccionó de forma proporcional ante la “amenaza inminente” de ser atacado por una osa que corría hacía él.

La convivencia ha sido difícil, aunque del rechazo radical de ayuntamientos, cazadores y ganaderos se ha pasado a la necesaria cohabitación. El oso ha llegado para quedarse y ante ello Aragón ha optado por reforzar las medidas para prevenir ataques. De momento ha logrado reducir los incidentes, de forma inversamente proporcional al aumento de la población.

“Desde el punto de vista ecológico, ha sido un éxito, desde el punto de vista social ha tenido bastantes sombras”, afirma Manuel Alcántara, jefe del servicio de Biodiversidad del Gobierno aragonés, que trabaja desde el principio en el seguimiento de la especie. Aragón no se involucró directamente, “fue un receptor involuntario”, aclara.
​Al compás de las nuevas medidas de apoyo a los ganaderos, cree que ha habido un cambio de posición en la mayoría, que han optado por adaptarse. “Cuando los rebaños están protegidos, los ataques disminuyen significativamente. Hay ganaderos que han entendido que ir en contra de la realidad no tenía sentido, y por eso están adaptando sus maneras de manejar el ganado”. Aunque otros declinan aplicar acciones preventivas.

“La evolución es favorable dentro de las circunstancias de una población reducida”, señala el jefe de Biodiversidad, y con el riesgo de la consanguinidad, las muertes violentas por disparos o envenenamiento el infanticidio por parte de otros machos.

LA REACTIVACIÓN DE LA POBLACIÓN

La última liberación en Francia de dos hembras en 2018, Sorita y Claverina, ha supuesto una reactivación en la zona occidental, la histórica. En Aragón se constató en 2025 la presencia de ocho ejemplares, la mayoría en los valles de Hecho y Ansó, núcleo de la actividad y casi todos descendientes de esas osas. Sorita ha tenido varias camadas (Beroi, Larry o Rey), y Claverina parió al primer osezno nacido en la Comunidad en 50 años, un macho aún sin nombre, que marcó un hito en la historia de la especie. Curiosamente se mueven por los mismos territorios por donde campó la población autóctona. En Sobrarbe y Ribagorza su presencia es testimonial, solo se vio a dos.

Alcántara destaca el valor de tener osos en los Pirineos como indicadores de un hábitat de calidad. “De alguna manera Aragón figura en el club selecto de las pocas comunidades con un hábitat adecuado para tener una especie tan señalada”. También se considera un recurso para el turismo de naturaleza y el desarrollo rural. Aunque no obvia, que surgirán problemas, “como están surgiendo en la cordillera Cantábrica”, un espejo en el que mirarse.

“EN EL PIRINEO SIEMPRE HA HABIDO OSOS”

Por su parte, Chus Campo, miembro de la Asociación en Defensa del Lobo y el Oso, recuerda que la oposición a las primeras reintroducciones incluso hizo variar las zonas de suelta. “En Francia se llegaron a cortar carreteras para tratar de impedirlo, y contrariamente a los criterios técnicos se realizaron en el núcleo central, pegado al valle de Arán”. En esta parte la especie había desaparecido en los años 90, a diferencia del Pirineo occidental, donde se mantuvo hasta el 2010.

Se crearon dos núcleos poblacionales, que a la larga se han unido, y se relegó la zona histórica, donde sobrevivían los últimos osos autóctonos. La reintroducción, justifica Campo, tuvo su origen en una denuncia ante la UE y una sentencia que obligó a Francia a tomar medidas para que la especie no se extinguiera. “En el Pirineo siempre hemos tenido osos. Se solaparon los autóctonos, que se extinguieron por la acción humana, y los reintroducidos”.

A este técnico colaborador del seguimiento en los Pirineos, que se coordina con los Agentes de Protección de la Naturaleza, le preocupa la calidad genética. “La endogamia es una muerte silenciosa. Ya llevamos dos años con tasas de nacimiento más bajas”, dice. Para él la solución serían nuevas sueltas con ejemplares del Cantábrico, o bien la captura y reubicación de las hembras. Cree que hoy la opinión de la sociedad es mucho más favorable. “Se acepta con resignación en algunos casos pero se naturaliza la convivencia”.

Lo que tiene claro es que esto pasa por ayudar a los colectivos afectados, como los ganaderos, sin perder de vista la protección de la especie. En su opinión, el modelo catalán de reagrupación de ganados y contratación de pastores es el que funciona. “Se ha empezado a importar y ha evitado prácticamente todos los ataques. En Aragón pasa lo que ocurrió en el lado francés: primero la sorpresa, luego la indignación, más tarde la vacunación, el avisar de lo que les va a tocar, habituarse, y por último la aceptación. Estamos entre estas dos últimas fases”.

La reintroducción, dice, era necesaria. “No podían pelear contra Europa a la vez que estaba recibiendo dinero de la PAC vinculado a la biodiversidad. Ha habido consejeros de la DGA que han hecho más ruido, pero era solo de cara a la galería, porque la ley impide actuar contra el oso. De hecho te obliga a actuar para salvar la especie, y aquí se ha obviado. Hemos ido a caballo ganador, los franceses nos han hecho el trabajo y hemos dejado hacer”, declara.

Los ganaderos han sido los más directamente afectados. Luis Casajús nació el mismo año que se liberó a los primeros ejemplares y con 21 decidió dedicarse a este oficio en el valle de Hecho, siguiendo los pasos de su padre. El verano pasado, por primera vez, tuvo un pastor de apoyo contratado por el Gobierno de Aragón, pero este, con el Ejecutivo aún por formar, la medida está por concretar y el verano se acerca. “Ya se debería estar planificando todo”, dice.

Lamenta que las últimas sueltas, las de Sorita y Claverina, hayan reactivado la población en su zona para complicarles la vida, “pero no nos queda otra que tirar para adelante, pasar por el aro, todo lo demás es darte cabezazos contra la pared, porque la administración nos dice que viene impuesto desde Europa”.

“Es una cohabitación obligada. A través de las nuevas medidas se intenta que haya menos ataques y si se hacen las cosas bien pueden funcionar. Es lo mínimo que la administración y quienes apoyan la reintroducción pueden hacer por el futuro de la ganadería extensiva. La presencia del oso no debe afectarnos ni social ni económicamente”, manifiesta. Este joven ganadero se queja de que no se les tuvo en cuenta al principio. “Da soluciones antes de crear el problema, no crees el problema y luego años más tarde des soluciones”.

Los ganaderos del Pirineo han tenido que cambiar su mentalidad y sus modos de manejo de los rebaños los 120 días que pasan en los pastos de alta montaña, algo que para Casajús perjudica la supervivencia del medio rural en las zonas de montaña y de la ganadería extensiva. “Nuestra manera de trabajar y de manejar el rebaño en la montaña con la presencia de oso ha hecho que retrocedamos 30 o 40 años atrás, a los tiempos de mi abuelo, teniendo que volver a dormir en refugios poco habitables”, comenta Casajús.

El sector afectado recibe una ayuda por cada res en las zonas oseras. También se les apoya para la compra de perros mastines, y se han rehabilitado refugios y mejorado accesos a zonas de pasto. Pero queda mucho por hacer, como pagos para el mantenimiento de mastines o las antenas de los refugios para tener cobertura.

A este joven ganadero le inquieta que pueda jugar en contra de la reincorporación al sector de nuevas generaciones. “Cada vez hay menos pastores. Los que ya estamos metidos no vamos a tirar la toalla, pero me preocupa que se lo pongamos más difícil a la poca gente que quiere empezar”, concluye.

LAS PATRULLAS Y LOS OSOS PROBLEMÁTICOS

Cada año Aragón destina unos 500.000 euros para paliar los efectos de la presencia del lobo y el oso, en ayudas al ganado de esas zonas, financiación de medidas preventivas y pago de indemnizaciones por los daños (7.800 euros de media). El 2024 marcó el pico, con 33 incidentes, todos en los valles occidentales, cifra que se redujo sensiblemente en el 2025, a ocho, tras la aplicación de nuevas acciones, como la contratación de pastores para cuidar a los rebaños concentrados o la mejora de vallados, caminos o casetas.

Existen además dos patrullas especializadas (tres agentes en los valles occidentales y dos en Ribagorza) atendiendo directamente los ataques y realizando el seguimiento de la especie. Y Aragón participa con el resto de territorios pirenaicos y el Ministerio en un grupo de trabajo del oso pardo pirenaico. Las imágenes de decenas de cámaras de fototrampeo, las huellas y otros indicios (pelos o excrementos) recogidos por los agentes, junto con los análisis de ADN, sirven para identificarlos y localizarlos.

En 30 años no se ha retirado ningún ejemplar, pese a la existencia de un protocolo de osos problemáticos que contempla medidas excepcionales contra animales “reiteradamente depredadores”, como la captura y marcaje, incluso su extracción, o medidas disuasorias: alejamiento mediante gritos, material pirotécnico, disparos al aire o con balas de goma en los cuartos traseros, y hasta el lanzamiento de piedras y ramas y el uso de cartuchos detonadores.

Se aplicó a Goiat, pero no se llegó a extraerlo, como pidió Aragón a Cataluña. Considerado el más depredador, sus incursiones en el valle de Chistau provocaron movilizaciones de los ganaderos. Costó mucho trabajo hacerle un seguimiento exhaustivo para neutralizar su comportamiento. Dos años después de liberarlo en 2016, se logró capturarlo para cambiar las baterías del collar GPS, pero en 2020 lo perdió en la comarca de la Ribagorza. Hace tiempo que no se tienen noticias de él y si este año no aparecen rastros, se dará oficialmente por desaparecido al oso más temido.

Fuente:

https://www.heraldo.es/especiales/especial-osos-pirineos-30-anos-2015661-4.html